Tu precio de compra y tu mayorista
Es lo primero que buscaría la competencia. No es que se oculten en la pantalla: la consulta que arma el catálogo ni siquiera los pide, así que no salen del servidor. Mirar el tráfico de la página no sirve de nada.
Desde el plan Pro
Una página propia donde tus clientes ven lo que vendes, con foto y precio, y te escriben por WhatsApp por lo que les interesó. No hay nada que montar ni que actualizar: sale del inventario que ya llevas.
Ocho cosas que hacen que sea un catálogo de verdad y no una página que hay que estar arreglando.
Eliges cómo se llama tu catálogo: zentivy.com/catalogo/tu-negocio. Zentivy te propone una a partir del nombre del negocio y tú la cambias si quieres. Es única en toda la plataforma, así que la que tomes es tuya y nadie más puede usarla.
No hay un catálogo aparte que mantener. Lo que tienes activo aparece; lo que agotas y desactivas desaparece; si le cambias el precio o la foto, el catálogo ya está actualizado. El trabajo lo hiciste cuando cargaste tu inventario.
El catálogo es del negocio, no de una sucursal. Si tienes tres puntos, tu cliente ve todo lo que manejas y no solo lo de la sede principal. Lo que no se publica es en cuál sede está cada cosa.
Todas nacen visibles: enciendes el catálogo y ahí está tu surtido. Desde ahí ocultas las que no le vendes al público —lo de uso interno, lo que manejas solo por encargo— y esa categoría se va con todos sus productos. Volver a mostrarla es un clic.
En la pantalla de configuración únicamente aparecen las categorías que hoy tienen productos activos, cada una con cuántos publicaría. Una categoría vacía no se ofrece: su interruptor no cambiaría nada y el cliente nunca la vería.
Tu cliente escribe «camara» sin tilde y encuentra «CÁMARA». Es el mismo buscador que usas tú por dentro, con la misma tolerancia a mayúsculas y acentos, para que nadie se vaya creyendo que no lo tienes.
Cada producto abre con su ficha y un botón que escribe a tu WhatsApp con el mensaje ya redactado y el producto por el que pregunta. No hay formularios que atender ni una bandeja nueva que revisar: llega a donde ya vendes.
Un interruptor baja el catálogo al instante y conserva tu dirección. Sirve para cerrar por temporada, para arreglar precios con calma o para volver a encenderlo sin perder el enlace que ya repartiste.
Privacidad del negocio
Abrir una página al público no puede significar abrir tu negocio al público. Esto es lo que se queda adentro, y no por estar escondido en la pantalla: porque no sale del servidor.
Es lo primero que buscaría la competencia. No es que se oculten en la pantalla: la consulta que arma el catálogo ni siquiera los pide, así que no salen del servidor. Mirar el tráfico de la página no sirve de nada.
Publicar el nivel de inventario le regala a cualquiera el pulso de tu negocio: qué se te está acabando, cuánto compras, cada cuánto repones. Tu cliente necesita saber qué vendes y a cómo, no qué hay en la bodega.
El proveedor de cada producto es información comercial tuya. No viaja al catálogo por ningún lado.
Los productos desactivados no aparecen, que es justo lo que quieres de lo agotado. Y un producto sin categoría tampoco: no habría dónde ubicarlo ni forma de que lo ocultes.
Tu catálogo se va a abrir sobre todo desde un teléfono, en la calle y con datos. No es la pantalla del computador reducida: son dos diseños.
Las categorías van en una columna a la izquierda, siempre a la vista, y los productos en una grilla de cuatro por fila que llena la pantalla sin que la página se estire. Se navega como se navega un catálogo: eliges una categoría y la lista cambia al lado.
No es la misma pantalla encogida. La cabecera y el buscador quedan fijos arriba, las categorías se vuelven una fila que se desliza con el dedo, y la tarjeta muestra solo la foto, el nombre y el precio: en 360 píxeles, cada dato de más le quita espacio al producto.
Cada foto se sirve al tamaño en que se va a ver, y más pequeña todavía en el celular. Tu cliente abre el catálogo con datos móviles: si cada visita le pesa cinco megas, se sale antes de ver el segundo producto.
Zentivy te propone una dirección con el nombre de tu negocio y tú la ajustas. Es la que vas a repartir, así que vale la pena pensarla una vez: corta, fácil de dictar por teléfono y sin números raros.
Todas empiezan encendidas, con el número de productos que publicaría cada una. Apagas las que no le vendes al público y listo; se puede cambiar cuando quieras, sin volver a tocar el inventario.
Un interruptor y el enlace queda vivo. Copias la dirección, la pegas en tu estado de WhatsApp o en la bio de Instagram, y ya tienes vitrina. Apagarlo es el mismo interruptor, y tu dirección se queda guardada.
Desde el plan Pro ($40.000 al mes). Es la única función que depende del plan: todo lo demás —inventario, ventas, cartera, caja, insumos, multi-sede— está completo desde el Básico, y lo que cambia entre planes son los usuarios, las sedes y el volumen. Con Básico ves la pantalla y qué hace el módulo, pero para publicar hay que estar en Pro o Star.
No. Tu catálogo vive en una dirección de Zentivy con el nombre que elijas: zentivy.com/catalogo/tu-negocio. No hay hosting que pagar, nada que instalar y nadie a quien contratar para que lo mantenga. Hoy no se puede poner un dominio propio.
No, y es a propósito. Es una vitrina: tu cliente ve lo que vendes, entra al producto que le interesa y te escribe por WhatsApp, que es donde de verdad se cierra la venta en Colombia. No hay carrito, no hay pasarela de pagos y no hay pedidos que se te queden sin atender en una bandeja aparte.
No. El catálogo publica nombre, marca, modelo, descripción, especificación, garantía, precio de venta y foto. Las existencias, el precio de compra, el precio mayorista y el proveedor no se publican, y tampoco viajan al navegador de quien lo abre: la consulta no los pide.
La escribes tú en la pantalla de configuración, y Zentivy te propone una a partir del nombre del negocio: «Ferretería El Tornillo» sugiere ferreteria-el-tornillo. Admite letras, números y guiones, entre 3 y 60 caracteres, y es única en toda la plataforma: si alguien ya la tomó, te avisa para que elijas otra. Puedes cambiarla después, pero el enlace anterior deja de funcionar, así que conviene decidirla antes de repartirla.
Sí, por categoría. Todas empiezan visibles y tú apagas las que no le vendes al público. Al ocultar una, se va del catálogo con todos sus productos, y en los filtros que ve tu cliente deja de aparecer. Si prefieres esconder un producto suelto, basta con desactivarlo: sale del catálogo y sigue en tu inventario con su historial.
El dueño y el socio. Publicar el surtido y ponerle dirección al negocio es la cara pública de la empresa, el mismo criterio por el que el perfil del negocio y el agente de IA tampoco se delegan. Tus vendedores y administradores no ven esa pantalla.
Si lo apagas, el enlace deja de responder de inmediato y tu dirección queda reservada para cuando quieras volver a encenderlo. Si el plan vence, el catálogo también deja de estar publicado: es parte de lo que incluye el plan.
Está pensado para compartirlo: el enlace en el estado de WhatsApp, en la bio de Instagram, en el aviso del local o en tu tarjeta. No es una página optimizada para buscadores ni la reemplaza; si lo que buscas es posicionarte en Google, eso es otro trabajo.
¿Quieres además que alguien conteste esos mensajes por ti? Mira el agente de IA para WhatsApp.
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